Las Putas de Valencia gemimos de placer

Me rogaron cuidado, me avisaron y no me importó. Sabía que era el amante desbocado que mi mente por mucho tiempo anheló. No deseaba que me hicieran el amor, no más mesura, sí menos suavidad en el tacto, mucho delirio provocado por mi boca pequeña en ansia de su grandeza. No había marcha atrás.

a través de Sexo duro, y sin gritos — Pensando en la oscuridad

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